Veneración, acatamiento que se hace a alguien. Miramiento, consideración, deferencia.

Todas las anteriores acepciones definen la palabra RESPETO, un valor tan olvidado, tan maltratado y tan urgente en nuestra sociedad.

La primera de estas es veneración, eso nos lleva a caer en la cuenta que el ser humano es sagrado y por esa razón merece un respeto que se traduce en veneración. No en vano en el rito católico del bautismo la persona es consagrada con un aceite especial llamado “crisma” es decir unción que consagra a algo o a alguien como sagrado.

Qué grandes nos hacemos cuando somos capaces de mirar a los demás con veneración. Para eso se necesita humildad. Aquí la arrogancia y la prepotencia son las dos conductas totalmente opuestas a esa mirada respetuosa de veneración a nuestro prójimo. Luego viene el término acatamiento, acatar es obedecer, es someterse a las normas que son tan necesarias para la convivencia.

Una persona respetuosa acata las normas de convivencia familiares y las de su comunidad. Acatar es respetar las leyes de la república comenzando por la Constitución. La anarquía en este caso sería lo más contrario al acatamiento y cuánto daño nos ha causado y nos causa la anarquía diaria, desde el conductor que se estaciona donde le viene en gana hasta el violento que tranca una calle o destruye un edificio público.

Hay otras acepciones sobre la palabra respeto que van en la misma línea, ejemplo: miramiento, consideración, deferencia. Pero todas las palabras que definen RESPETO están cargadas de un alto contenido humanista y cristiano. Sin respeto no se pueden abordar temas tan delicados como los derechos humanos, pues quien irrespeta al otro, a la otra, es alguien que ignora la sacralidad de sus hermanos.

@numamolina