Cada rincón de ti mi amada patria es un espacio sagrado, impregnado de magia y moldeado por los dedos del artista sempiterno, ese que te adornó con todo. Te dibujó los atardeceres de Lara y Juan Griego, te pintó montañas con nevados picos y llanuras infinitas, y arenas tibias en el infinito mar. Y te pobló de una estirpe que se hizo mestiza y valiente a fuerza de coloniaje y atropello. Y te dio héroes y heroínas y te dio el genio inmortal de Bolívar.

También son un regalo de aquellos años de emancipación Miranda, Sucre, Urdaneta, Rivas, Luisa Cáceres, Andrés Bello y tantas y tantos otros. Y Vargas, y Rafael Rangel, y José Gregorio y Jacinto Convit y María de San José,  para honrar en ellos a una larga hilera de médicos  y santos.

Eso y mucho más es esta Patria con nombre de mujer. Amor a la Patria es un mandamiento como el mandamiento de amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos. Y es que si tú y yo amamos  la patria como a nosotros mismos,  entonces, sin importar nuestras ideologías, podemos luchar los dos por ella hasta dar la vida. Esa es nuestra identidad y desde esa identidad que nos acomuna podemos hacer equipo en torno a un mismo afecto, que es  el terruño que nos vio nacer.

No obstante, hubo una suerte de invasión silenciosa de lo foráneo e inocularon también la indiferencia, el desinterés y la vergüenza por lo nuestro en una minoría de venezolanos y venezolanas, una suerte de hijos ingratos, capaces de arrebatar la herencia como aquel hijo pródigo, para derrocharla lejos de la casa paterna.

Pido al Dios que nos creó, que infunda el afecto patrio  en los  corazones que lo han perdido todo a cambio de las quimeras del norte,  para que ya no te sigan entregando con un levantar  de manos al imperio insolente que nos declara como un peligro. Danos el valor sublime de amar la tierra que nos vio nacer.

 

@numamolina