Este término según el Diccionario de la Real Academia Española quiere decir en su primera acepción: “Afán excesivo de riquezas” Es una conducta compulsiva por acapararlo todo para sí, sin importar las carencias del hermano.

El codicioso es aquel hombre o mujer que ha terminado siendo esclavo de sus propias compulsiones de acaparamiento. Jesús nos lo advierte en el evangelio de Lucas “¡Estén atentos y cuídense de cualquier codicia, que, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes” Tu vida no depende del cuánto tienes sino de la humanidad que encierras en tu alma.

Es decir tu felicidad ahora en esta tierra, y la vida tuya que se eterniza en el tiempo no son para nada directamente proporcionales con las riquezas que has acumulado. El día final, final, no te llevas nada y lo único que valió la pena de tu paso veloz por esta tierra fue el amor que diste. ¿Que te quedaste tatuado en el corazón de la gente? fue obra del amor incondicional que entregaste.

No nos llevamos nada, un campesino me dijo un día “hasta ahora no he visto procesión de entierro con mudanza incluida” como dirá el libro del Eclesiastés “pura ilusión, vana ilusión… otro heredará lo que me costó tanta fatiga y habilidad bajo el sol”. La codicia nos hace insensatos y la insensatez nos lleva a arruinar los mejores momentos de nuestra vida. Codicia de dinero, codicia de poder, codicia de honores, todo eso nos hace sordos y ciegos que vamos por el mundo atropellando lo que encontramos con tal de poseer.

Solo un ser humano que sale de su egoísmo para abrirse a las necesidades del mundo alcanza la felicidad plena. Cuidémonos del veneno de la codicia que adormece y nos convierte en estorbos para la felicidad de tantos seres humanos que mueren por no tener lo que nosotros por codiciosos les hemos arrebatado.

 

@numamolina